Este sentimiento de que me he perdido
en las calles de san Victorio y Teponaxtle,
esa ida y vuelta por el mundo me ha robado
aquella risa y esos juglares de rocío,
con los que amanecía desnuda de mi pecho
e inocente del oído,
eh subido por las veredas más cortantes del silencio
y me he raspado en los barrancos que he caído,
a llovido entre la tierra que he pisado,
mientras el lodo a manchado mis talones
he parido el rostro del amado,
ha muerto entre mis brazos
mal logrado,
he vuelto a concebir amor en lo oscurito,
y así como he sudado he llorado por el camino,
he tenido tanto miedo por las noches,
que me he arrodillado ante los hombres y las mujeres,
esperando que por humilde yo me salve
del castigo del prejuicio y del causal efecto de mi carne,
y después de tanta caminata,
he contaminado la pureza de mis palabras,
que ya no escribo como en la secundaria,
con ese olor a nuevo y valiente,
sino con remordimiento de puta entre la gente,
de agrado o desagrado al gusto del oyente,
por cobarde y distraída,
no importa la causa
mi poesía está jodida,
por eso hoy intento de nuevo lo hermoso,
y obtengo la caída.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
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