sábado, 5 de mayo de 2012


dejar ir, 
y después dar bienvenida ;
dejar ir el viento que,
caballeroso,
me acaricia;
aspirarlo y... exhalarlo,
ver el agua correr sobre mis pies
trenzándose hacia el futuro,
y dejarla  ir sin nostalgia,
sin pensar que no volverá
la misma trenza
a sumergirme los pies.

Sentir a mi abuelita
cortando el chile,
picando el tomate,
riendo  chimuela,
correr con su bolso
hacia la puerta,
dejarla ir,
dejar que se vaya
casa afuera
y no querer retenerla
con una taza de café,
no gritarle si tiene sus llaves
o sus  panes
para hacerla revisar su bolsa
antes de partir.

No le gritaré a mi hermano
que venga,
que se tome un licuado conmigo,
no lo despertaré
mientras tenga sueño,
no desearé abrazarlo
todo el día,
no callaré cuando diga
que no va a donde iba
por quedarse conmigo,
dejarlo ir,
a mi madre cada viernes
cuando toma sus maletas
y atraviesa santa fe
camino a Román,
rumbo su casa,  hacia el amor,
no desearé que esté conmigo
por las noches
y no pensaré en irme a tu cama,
agarraré mis cobijas con fuerza
y me aferraré a su olor
a la capa que divide a mi cuerpo
de la noche solitaria,
de las risas de los vecinos,
del techo con arañas...
No te pediré que me invites a cenar,
a salir,
no te pediré conversar,
y después de una noche,
no te invitaré a ir por el desayuno ,
no amor, no,
te dejaré ir.

No me quedaré viendo televisión
en  casa de los amigos,
hermanos míos,
no aceptaré el té después de la comida,
no usaré su baño
más de cuatro veces
durante una visita,
no aceptaré la cama cálida del
"ya es noche, niña"
no manos míos, me iré temprano
pensando en volver.

Me despediré
los dejaré ir,
dejaré ir para poder recibirlos,
darles la bienvenida, y vivir.

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